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UNA LECCION DE AMOR

En mi primer día de labores como profesor adjunto de pedagogía en la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles, entré al aula sintiéndome presa de una terrible angustia. Un frío silencio fue la respuesta de la clase atestada a mi tímida sonrisa y breve saludo. Hojeé un momento mis anotaciones y di inicio, balbuciente, a mi disertación.
Nadie parecía hacerme el menor caso. En ese momento advertí la presencia, en la quinta fila, de una joven de porte tranquilo, vestida de blanco. De piel bronceada, ojos vivaces color castaño y cabellera dorada, su animado semblante y sonrisa cordial me alentaron a seguir adelante. Atenta a mi exposición, ella asentía con la cabeza o con un “sí”, y tomaba notas. Proyectaba la confortante sensación de que le interesaba cuanto trataba yo de transmitir de manera tan insegura. Empecé a dirigirme a ella, y recobré la confianza y el entusiasmo.
Minutos después, me atreví a pasar la mirada por toda el aula. Los demás estudiantes habían empezado a atender y tomaban notas. Aquella extraordinaria muchacha me había sacado del aprieto. Al terminar la lección revisé la lista en busca de su nombre: se llamaba Gladis. En las siguientes semanas leí sus trabajos. Redactaba con creatividad, sensibilidad y fino sentido del humor.
Yo había pedido a mis estudiantes que pasaran a verme a mi oficina durante el semestre escolar, y aguardaba con especial interés a Gladis. Deseaba decirle cómo me había salvado aquel día y alentarla a que desarrollara sus cualidades de persona considerada y perspicaz. Pero jamás se presentó.
Unas cinco semanas después de iniciado el semestre, se ausentó durante dos semanas. Pregunté la causa de su ausencia a los estudiantes que se sentaban cerca de ella y me sorprendió enterarme que ni siquiera sabían su nombre. Recordé la aguda observación de Albert Schweitzer: “Estamos todos tan juntos, y sin embargo, todos estamos muriendo de soledad...”
Fui a ver a la jefa administrativa de la sección de mujeres. En cuanto mencioné el nombre de Gladis, la dama se sobresaltó y exclamó:
— ¡OH, lo siento mucho, Leo; supuse que usted estaba enterado...!
Gladis se había dirigido en su auto a los acantilados del Pacífico, encantadora población cercana a Los Ángeles, donde los riscos caen a plomo sobre el mar. Allí, según declararon unos paseantes horrorizados, se arrojó hacia la muerte. ¡Gladis tenía apenas veintidós años...! El don divino de su individualidad se había perdido para siempre. Llamé por teléfono a sus padres. La ternura con que su madre se refirió a ella me indicó que la habían amado. Pero era obvio para mí que ella no se había sentido amada.
— ¿Qué estamos haciendo? —Pregunté a un colega—. Nos ocupamos demasiado en enseñar cosas. ¿De qué sirvió haber enseñado a Gladis a leer, escribir, hacer cuentas, si jamás le inculcamos lo que realmente necesitaba aprender: a vivir jubilosamente, a valorarse y a tener conciencia de su propia dignidad?

Quise ayudar a quienes necesitan sentirse amados. Daría un curso acerca del amor. Me pasé varios meses buscando en libros algo que pudiera servirme, pero fue poco lo que hallé. Casi todos los textos trataban el tema con un enfoque sexual o romántico. Era escaso lo que había sobre el amor en general. Sin embargo, consideré que si yo actuaba como mero facilitador, mis estudiantes y yo podríamos enseñarnos mutuamente a aprender juntos.
Denominé al curso “Lecciones de Amor”. Bastó que lo anunciara una sola vez para que se llenara el aula de asistentes a esa materia extracurricular. Proporcioné a cada participante una lista bibliográfica, pero prescindimos de textos obligatorios, de requisitos de asistencia y de exámenes. Solo compartíamos nuestras lecturas, ideas y vivencias. Partía yo del supuesto de que el amor se aprende. Nuestros maestros son quienes aman y se relacionan con nosotros. De no encontrar modelos de amor, creceremos necesitados de amor y sin la capacidad de amar.
—La venturosa posibilidad —propuse a mis alumnos— es que se puede aprender a amar en cualquier momento de la vida, si estamos dispuestos a dedicarle el tiempo, la energía y la práctica necesarios.
Pocos faltaban a una sola sesión de Lecciones de Amor. Los participantes tenían que apretarse unos junto a otros a medida que llevaban consigo a sus padres, hermanos, amigos, cónyuges e incluso abuelos. Una de las primeras cosas que intenté aclarar fue la importancia del contacto físico.
— ¿Cuántos de ustedes han abrazado fuertemente en la última semana a alguien que no fuera su novio, novia o cónyuge?
Pocos levantaban la mano. Una estudiante afirmó:
—Siempre temo que se interpreten mal mis intenciones.
La risa nerviosa que cundió me reveló que muchos compartían este punto de vista.
—El amor necesita expresarse físicamente —repuse—. Me siento afortunado de haber crecido en el seno de una familia italiana, efusiva, en que nos abrazábamos mucho. Asocio los abrazos con un género de amor más universal. Pero si ustedes temen que se les interprete mal, comuníquenle sus sentimientos a quien están abrazando. Para aquellos que realmente se sientan molestos si los abrazan, bastará un fuerte apretón de ambas manos para satisfacer su necesidad de caricias.
Iniciamos la costumbre de abrazarnos unos a otros al final de cada sesión. Con el tiempo, los abrazos se convirtieron en forma habitual de saludo en la universidad, entre los alumnos de mi curso. Jamás concluíamos una sesión sin un plan para compartir amor.
Cierta ocasión, decidimos expresar gratitud a nuestros padres, lo cual suscitó reacciones memorables. Para uno de los estudiantes, excelente jugador del equipo de fútbol americano de la universidad, la tarea resultó en especialmente incómoda. Sentía un gran amor, pero era incapaz de expresarlo. Tuvo que armarse de gran valor y determinación para ir a la sala de su hogar, hacer que su padre se pusiera de pie y darle un fuerte abrazo. Le dijo: —Te quiero, papá — y lo besó. Al hombre se le llenaron los ojos de lágrimas y musitó: —Lo sé, hijo. Yo también te quiero.
Los años que he dedicado a mis Lecciones de Amor han sido los más estimulantes de mi existencia. Al proponerme abrirles las puertas del amor a otros, descubrí que también se han abierto para mí. No hace mucho, comí en Arizona. Al pedir chuletas de cerdo, alguien comentó:
— ¡Está usted loco, nadie come tal cosa en un lugar como éste!
Sin embargo, me parecieron exquisitas.
—Me gustaría conocer al cocinero —indiqué al dueño.
Fuimos a la cocina, y allí estaba el hombre, corpulento, sudoroso.
— ¿Qué sucede? ¿Alguna queja? —vociferó.
— ¡No, esas chuletas estaban de primera! — respondí.
Me miró como se mira a un loco. Se advertía a las claras que le resultaba difícil aceptar el cumplido. Luego, me propuso con gran cordialidad:
— ¿Le cocino otra?
¿No es maravilloso? De no haber aprendido a amar habría pensado gratamente en aquellas chuletas, pero quizá no le hubiese dicho nada al cocinero, así como dejé de expresarle a Gladis lo mucho que me había ayudado en mi primer día como Profesor. He ahí una de las cosas en que consiste el amor: compartir nuestro gozo con la gente.
Otro secreto del amor radica en percatarse que uno mismo es un ser especial y que no hay en todo el mundo una persona igual a otra. Si tuviera una varita mágica y pudiera pedirle la realización de un deseo, tocaría a todo el mundo con ella y haría que cada persona dijera con convicción:
En este instante me agrada como soy. Y me gusta lo que puedo ser.  Soy lo máximo.
La búsqueda del amor ha hecho de mi vida algo maravilloso. Pero, ¿cómo habría sido mi existencia de no haber conocido a Gladis? ¿Estaría aún balbuceando mi tema ante los estudiantes, ajeno a los vulnerables seres humanos que se ocultan detrás de las máscaras? ¡Gladis me arrojó el guante y yo lo recogí! Tal fue la motivación del cambio. ¡Cómo quisiera que Gladis estuviera hoy aquí, conmigo! La abrazaría fuerte y le diría:
—Mucha gente me ha ayudado a saber qué es el amor, pero tú me diste el primer impulso. ¡Gracias!. ¡Te quiero!
Mas estoy convencido de que, en alguna forma misteriosa, el amor que le tengo a Gladis ya ha viajado hasta ella.
Si te parece, responde a cada una de estas preguntas según sea el caso.
1. ¿Te es fácil manifestar tus sentimientos a los demás? ¿Con quiénes te es más difícil hacerlo?
2. ¿Has pensado que al no expresar tus sentimientos y emociones a las personas que has mencionado, las estás hiriendo de alguna manera?
3. ¿Estás perdiendo la oportunidad de darte a conocer?
4. ¿Estás haciendo que no tengan la oportunidad de conocerte?
5. ¿Has experimentado alguna vez el “estamos todos tan juntos, y sin embargo, todos
estamos muriendo de soledad”?
6. ¿Hay alguna Gladis en tu vida, a quien ayudaría mucho saber que ella es importante
para ti? ¿Qué piensas hacer al respecto?
No tardes mucho: ¡dile a las gentes que las quieres y lo bien que te hacen sentir...!

Estractos del libro

Lo que sigue son extractos de su libro “VIVIR, AMAR Y APRENDER”, los que considere más esenciales. Condensan mensajes claros y preciso de cómo pensar y encarar la vida. Quiero compartirlos con Ustedes.

 SOBRE VIVIR

 
“ Tú eres lo único que tienes. Por lo tanto, conviértete en la persona más bella, tierna, fantástica y maravillosa del mundo. Entonces, sobrevivirás.”

“Si no les gusta el escenario donde están colocados, construyan uno nuevo. Si no les gusta el elenco de personajes con quienes se manejan, aléjense de ellos y empiecen con un grupo nuevo. Pero son ustedes quienes deben hacerlo.”

“ Leo Rosten dice: Sin embargo, de algún modo estamos todos un poco locos..... Todo el mundo en el fondo se siente solo e implora que lo comprendan, pero jamás podemos comprender cabalmente a otra persona, y siempre somos en parte extraños hasta para los seres que nos aman ... 

Los crueles son los débiles; la bondad sólo puede esperarse de los fuertes..... Los que no conocen el temor no son realmente valientes, porque el coraje es la capacidad para enfrentar lo que se puede imaginar .... 

Es posible entender más a nuestros semejantes si los miramos ( por grandes o importantes que sean) como si fueran niños. La mayoría de nosotros nunca madura; simplemente crece en estatura....

La felicidad se obtiene cuando ampliamos nuestra mente y nuestro corazón hasta alcanzar los sitios más lejanos que podemos alcanzar...

El objeto de la vida es importarle a alguien, representar algo. Que exista alguna diferencia por el hecho de haberla vivido.”

“ A nadie se le enseña a ser padre. De pronto tenemos un hijo y ahí estamos. Si bien sentimos la responsabilidad, sólo podemos filtrarla  a través de esa persona que somos. Lo más importante del mundo es convertirse uno en el ser más maravilloso, más grandioso  y lleno de amor porque eso será lo que entregaremos a nuestros hijos....  y a todas las personas que conozcamos.”

“ Creo que uno rige su propio destino, que se puede ser lo que uno quiere. Lo intentamos.”

“ Invertir en la vida es invertir en el cambio, ¡ y a mi no me preocupa la muerte porque estoy demasiado ocupado viviendo!. Que la muerte se ocupe de sí misma. No vayan a creer que estarán en paz: la vida no es así. Como estamos cambiando todo el tiempo, es necesario adaptarse a esos cambios, lo que significa que deberán enfrentar constantemente nuevos obstáculos. Esa es la alegría de vivir. Y una vez que uno se encuentra inmerso en el proceso de llegar a ser uno mismo, no se puede detener. ¡ Pero qué fantástico viaje! Cada día es nuevo. Cada flor es nueva. Cada rostro es nuevo. Todo el mundo es nuevo cada mañana de su vida.”

“ Experimentar con la propia vida nos llenará de alegría, de felicidad, de asombro, pero también nos atemorizará. Es algo que da miedo porque nos enfrentamos con lo desconocido y desterramos la autocomplacencia.”

“ Hay que ser reales. No seamos falsos. Mostrémonos como somos. Lo más difícil del mundo es ser una cosa que uno no es. Cuando nos vayamos aproximando cada vez mas a nuestra verdadera esencia, actuaremos siempre de esa manera. Encontraremos un modo fácil de vivir. Lo mas complicado, ser lo que los demás pretenden que uno sea.”

“ Debemos recordar, sin embargo, que jamás se produce un cambio sin buscarlo denodadamente, sin ensuciarse las manos. No existe una fórmula escrita para ser uno mismo. Solo sé esto: yo existo, estoy aquí, hago mi vida y nadie la vive por mí. Debo enfrentar mis falencias, mis errores, mis transgresiones. Nadie puede sufrir por mi no-ser como lo sufro yo, pero mañana será otro día, y debo decidir levantarme de la cama y vivir. Si  fracaso, no tendré el alivio de echarle la culpa a nadie, a la vida ni a Dios.”


 

 “ Lo esencial no esta afuera. Por el contrario, se halla dentro de cada uno. Pero adentro está oscuro, y no es fácil buscar en las tinieblas. Y nadie nos enseña cómo hacerlo. El cuerpo es sólo un vehículo. Es magnífico porque transporta  lo que es esencial, pero en sí mismo, no es esencial.”

 

“ Ni el pasado ni el futuro es real. Y si uno se pasa el tiempo soñando con el pasado y el futuro, se perderá lo que le está sucediendo en este preciso instante. Y ésta es la verdadera realidad.”

 

“ La única manera de aceptar la vida es aceptando la muerte. La muerte nos enseña que existe un límite.”

 

“ Palabras esenciales: Conocimiento adecuado ( para el viaje). Sabiduría. Compasión (Tolerancia con ternura) .  Armonía ( flujo natural de la vida). Creatividad. Fortaleza ( valentía para enfrentar el temor y el miedo).  Paz (para mantener el equilibrio, centrados). Alegría ( cantar, bailar, reír). Amor ( como guía revelador de nuestros más altos dones). Unidad ( solidaridad universal).”

 

“ Vivir en el amor es vivir en el centro de la vida, y vivir en el centro de la vida es vivir en el amor.”

“ Lo esencial es invisible a los ojos. ( el principito) Lo esencial es amplio y maravilloso, y lo que es visible a los ojos es limitado y pequeño”.

 

“ El mayor impedimento para ver lo que es lo esencial lo constituye la apatía, el “me importa un bledo”, el “estoy muy bien así”. Apáticos por evitar enfrentar el desafío del nuevo ser.”

 

 “ La Cábala, un libro sagrado hebreo, dice: El hombre debe comprender que nada realmente es sino que todo cambia constantemente. Nada permanece inmóvil. Todo nace, crece y muere. En el mismo instante en que algo alcanza su pico máximo, comienza a declinar. La ley del ritmo está en continuo funcionamiento. No existe la realidad. Nada posee una propiedad de duración ni substancialidad. Lo único permanente es el cambio. El hombre debe comprender que todas las cosas son productos de la evolución de otras, una incesante acción o reacción, un construir o un derribar, creación o destrucción, nacimiento, crecimiento y muerte. Nada es real, y nada subsiste excepto el cambio.”

 

“ Entonces, ¿cómo entramos en contacto con nosotros mismo?. En primer lugar, tomando conciencia, siendo conscientes de todo, de la vida, del crecimiento, de la muerte, de la belleza, de la gente, de las flores y de los árboles. ¡ Abramos nuestra mente y comencemos a ver y sentir!. ¡ Comencemos a experimentar, y no nos avergoncemos de ello!. Toquemos, mastiquemos como nunca lo hemos hecho. ¡ Sigamos creciendo!. Y a cada instante iremos cambiando. Abran la mente, abran el corazón, abran los brazos y abarquen todo.”

 

“ En Tao Te King, de Lao Tse, versa: el poder de la palabra no puede definir la existencia. Se pueden utilizar muchos términos, pero ninguno es absoluto. En el origen no había palabras. Estas nacen  del vientre de la materia. Y tanto si el hombre ve desapasionadamente el núcleo de la vida o si apasionadamente ve la superficie, núcleo y superficie son lo mismo; las palabras los hacen parecer diferentes solo para expresar apariencia. Si se necesita un nombre, que ese nombre sea maravilla, y luego, de maravilla en maravilla, se abre la existencia.”

 

“ Vivimos en el pasado, nos afligimos por lo que sucedió ayer. Nada se puede hacer por el pasado, y nunca habremos madurado si todavía le echamos la culpa a alguien o a algo de lo que sucedió otrora. No te aferres al ayer porque este se colgara de tu cuello y te arrastrara hacia abajo. ¿ Sabes lo que  te hicieron tus padres ?. te dieron lo que conocían. Quizás no hayan sido perfectos. Lo triste del caso, y tal vez la razón de tu desilusión, es que creías que si lo eran, y ellos permitieron que lo creyeras.”

 

 

“ Todos tenemos la manía de la perfección.? ¿ Que diferencia habría si permitiéramos que la gente supiera que somos imperfectos?.  Así podrían  identificarse con nosotros. Nadie puede identificarse con la perfección.”

 

“ Buda dijo: cuanto menos poseas, menos tendrás para preocuparte.”

 “ En la India, cada vez que uno se encuentra o se despide de alguien, une las manos y dice: Namaste, que significa: Honro el lugar en ti donde reside todo tu universo. Si tú lo habitas en ti y yo lo habito en mi, ambos somos uno.”

 

 “ Para mí, probablemente lo más emocionante del mundo es tomar conciencia de que tengo la posibilidad de ser totalmente humano. Quisiera referirme a algunas de las cosas que considero esenciales para convertirse en un ser humano pleno. 

Si no poseo sabiduría  solo puedo enseñar mi ignorancia. Si no poseo alegría solo puedo enseñar la desesperanza. Si no tengo libertad solo puedo encerrar en jaulas. Pero puedo entregar todo lo que tengo. Ese es el único motivo para tenerlo.”

 

“ La muerte es un continuo y bello proceso de la vida. Nos avisa que no contamos con la eternidad, solo con un tiempo, y que es menester vivir el presente. La muerte nos transmite la felicidad del instante. Nos enseña que nada es permanente. Nos enseña a desprendernos, ya que nada podemos llevar con nosotros.” Similitudes entre los cambios y la muerte,  las resistencias a aceptarlas. Algo cambia, muere, ya no es lo mismo, es pasado, cada instante, día a día, ano a ano.

 

“ Hay que enseñarles a los chicos que la vida no es solo dolor, angustia y desesperación; sino que esta llena de cosas maravillosas, placenteras y fantásticas que también suceden.”

 

“ La felicidad, el arrebato proviene de la sorpresa. La rutina conduce al aburrimiento, al hastió, la apatía. Podemos elegir como vivir nuestra vida.” Podemos optar por la alegría, la libertad, la creatividad, la innovación, el asombro, el arrebato, hay que animarse, atreverse a hacer algo distinto, hacer camino al andar, dejarnos flotar, fluir, sin resistencia, dejarnos llevar por la vida.

 

 “ Algunas definiciones de la palabra “vida”, en el diccionario, dicen así: la vida es la propiedad que distingue a un ser vital y en funcionamiento de uno muerto. Es el periodo de utilidad de algo. Subsistir en plenitud.”

 

“ El mayor bien que tenemos es la vida. Y como dice el viejo adagio, cuando hay vida hay esperanza. La vida significa un compromiso activo. Ensuciarse, jugarse, caerse.”

 

“ Hay algo que se llama felicidad, porque la he experimentado. Existe algo denominado maravillosa locura porque la he vivido. Y sé que existe el éxtasis por que me ha sucedido. Y también sé que existe la fascinación.”

“ Para elegir la vida debemos estar dispuestos a volver a arriesgar y amar. Si estamos dispuestos a arriesgar, a sufrir, conoceremos el amor.”

 

“ No se nos dice que la vida es felicidad y maravilla, que es magia y fascinación si uno decide tomar parte activa en ella. Tampoco se nos dice que la vida es también dolor, angustia, desesperación, tristeza y lagrimas. No debemos perdernos nada de ella. Abracemos la vida y aprendamos todo lo que tenga para enseñarnos. Que nuestras vidas no transcurran sin saber lo que es llorar. Las lagrimas aclaran la mirada.”

 

El temor y el miedo, son sentimientos paralizantes.

 

“Creo que también es indispensable que transmitamos a los niños la importancia de los demás, que es imposible crecer en este mundo sin asumir a los demás. Es preciso enseñarles a volver a confiar en los demás porque todos tememos a nuestros semejantes. Debemos enseñar a confiar, a creer. Por supuesto que es un riesgo, pero todo es un riesgo. Tenemos que tomar contacto con el hecho de ser humanos. “

 

“ Uno tiene opciones. Puede elegir la alegría y no la desesperación. La felicidad y no las lagrima. La acción y no la apatía. Madurar y no estancarse. Se puede elegir la vida. Pero el cambio y la maduración solo se producen cuando estamos dispuestos a arriesgar y experimentar con nuestra propia vida. Uno nunca esta seguro de nada. Todo es un riesgo. No hay garantía de nada. Vivir es arriesgarse a morir.”

 

“ Confiar es arriesgarse a sufrir desesperanza, e intentar es arriesgar a fracasar. Pero hay que correr riesgos, porque el mayor error en la vida es no arriesgar nada. La persona que nada arriesga no hace nada, no tiene nada, no es nada y se convierte en una nada. Podrá esquivar el sufrimiento y el dolor, pero simplemente no puede aprender, no puede sentir, cambiar, madurar, amar ni vivir. Encadenado a sus certezas, se transforma en un esclavo. Ha perdido su libertad. Solo el que arriesga es verdaderamente libre.”

 

“ Erich Fromm dijo: La necesidad más profunda del hombre es superar su soledad, dejar la prisión de su separación. El fracaso total de lograr este objetivo significa la insania.” “ Ashley Montague: Sin la interdependencia, ningún grupo de  organismos podría jamás sobrevivir. Y en la medida en que cualquier grupo se aparte de su funcionamiento, de su necesidad de interdependencia, en esa misma medida se volverá inoperante. Cuando los organismos interactúan de manera relacionada, se confieren mutuamente beneficios de supervivencia, se dan la vida.”

SOBRE EL AMOR

"Vivir en el amor es vivir en el centro de la vida, y vivir en el centro de la vida es vivir en el amor.”

“Primero y principal, creo que lo más importante es que la persona que ama, es aquella que se ama a sí misma.” “Hablo de una persona que se quiere a sí misma porque comprende que sólo se puede dar lo que uno tiene, y más vale que nos propongamos tener algo.” “La única razón para tener algo es  poder darlo después.” “De modo que no es cuestión de desprenderse de algo sino de compartirlo.” Hablemos de amor, conocimiento, objetos y cosas.

“Por ende, mi responsabilidad para conmigo mismo es crecer, atesorar sabiduría, amor, comprensión, experiencia, todo lo que pueda luego entregarles para que lo asimilen y construyan a partir de ahí.”

“La persona que ama no se conforma con ser única ni con luchar para mantener esa condición. Pretende ser la mejor porque sabe que eso lo puede compartir. Por eso, en el fondo el amor es un acto de compartir.”

“ Una persona que ama sinceramente desea dar lo mejor de sí mismo, y eso implica desarrollar nuestra singularidad.”

“Saint-Exupéry dice en uno de sus libros: “ Tal vez el amor sea el proceso por el cual yo te conduzca delicadamente de regreso a ti mismo. ””

“Si eres una persona que ama, gobernarás a las palabras y no permitirás que ellas te gobiernen a ti. Sabrás lo que una palabra significa sólo luego de haberlo averiguado, no cuando alguien te diga su significado.”

"También creo que el individuo que ama es aquel que aborrece el desperdicio y no soporta la hipocresía.  Rosten afirma: “ Los crueles son solamente los débiles. La bondad sólo puede esperarse de los fuertes.””

“Creo que la persona que ama debe recuperar la espontaneidad, tocar a los demás, abrazarlos, sonreírles, pensar y preocuparse por ellos.”

“ La persona que ama no se olvida de sus propias necesidades. Pero las necesidades más importantes son aquellas relacionadas con lo que precisamos interiormente: la necesidad de ser vistos, de ser conocidos, de ser respetados, de tener éxito, de disfrutar del mundo, de admirar la continua maravilla de la vida, de ser capaces de comprender qué fantástico es estar vivo.”

“ Sain- Exupéry habla del amor como jamás lo ha hecho nadie hasta ahora. Dice: Quizá sea el proceso que me permite llevarte suavemente de regreso a ti mismo.”

“ El amor se aprende, igual que el temor, el prejuicio, el odio, la preocupación, la responsabilidad, el compromiso, el respeto, la bondad y la nobleza. Todo eso se aprende en una sociedad, en el hogar, en la pareja. Comenzamos a asimilar los procesos del lenguaje a la edad de uno a dos años cuando empiezan a ser discernibles las palabras y a adquirir un contenido emotivo e intelectual. Y con esas palabras estructuraremos nuestro ambiente, y con ellas pasaremos el resto de nuestras vida, y ellas nos oprimirán o nos liberarán.”

“ Tengo la firme convicción de que lo contrario del amor no es el odio sino la apatía. Si una persona me odia, debe sentir algo por mí; si no, no podría odiar. Por lo tanto, existe algún modo de que podamos comunicarnos.”

“ Es sumamente difícil de definir el amor, porque se trata de un concepto muy amplio. Trato de vivirlo. Cuanto más vivo en a alegría y la belleza, mejor soy como persona. Cada día amo mas y mejor. Y definir esto, seria ponerle un limite. La única palabra suficientemente amplia como para abarcarlo seria vida. El amor es la vida en todos sus aspectos. Y si uno pierde el amor, perderá la vida.”

“ Si uno ama a una persona, su objetivo será alentarla para que desarrollé el máximo de su potencial. Cada vez que uno haga algo que ayude a crecer a los demás, deberá regocijarse. En una pareja no se crece por separado sino juntos, tomados de la mano.”

“ Es verdad que las relaciones intimas constituyen un riesgo, y también es cierto que pueden herir, que nos exigirán un cambio, que sacaran a relucir nuestros sentimientos más profundos y en ocasiones nos harán sentir mal. La intimidad es absolutamente esencial; de lo contrario nos volveremos locos. Vivan aislados, si pueden. Creo que se puede juzgar el nivel de salud mental por la forma en que cada uno es capaz de establecer relaciones significativas y duraderas con los demás. No por la cantidad de relaciones, sino por la calidad.”

“ La verdadera intimidad, ese dar y recibir sin que haya mal interpretación. No quiero usarte, quiero amarte. Quiero conocerte, olerte, sentirte. Quiero crecer contigo, bailar contigo, llorar contigo. Quiero acariciarte. Esto requerirá de todas nuestra energías.  Luchar por la intimidad es un riesgo y puede ocasionar dolor, pero el único modo en que uno sé vera a sí mismo y en que crecerá es en una relación intima.”

“ Creo que el segundo punto en importancia en una relación de cariño es el compromiso, la más hermosa manera de compartir la soledad. Nos necesitamos los unos a los otros, ya mismo. La familia sé esta desintegrando, los divorcios se multiplican, las relaciones se hacen mas y más banales y, en su mayor parte, sin sentido. La intimidad no es sencilla. Constituye un gran desafió a nuestra madurez. Es también nuestra mayor esperanza. ”

“ Para elegir la vida debemos estar dispuestos a volver a arriesgar y amar. Si estamos dispuestos a arriesgar, a sufrir, conoceremos el amor.”

SOBRE APRENDER

“La personalidad, la singularidad, cada uno la tiene y sólo espero que alguna vez hayan conocido a alguien que les haya ayudado a desarrollarlo, puesto que la esencia de la educación no es atiborrarlos de datos sino ayudarlos a descubrir su singularidad, enseñarles a desarrollarla y luego mostrarles cómo hacer para compartirla.”

“Mc Luhan nos demuestra que el termino medio de los niños tiene cinco mil horas de televisión encima antes de llegar al jardín de infantes. Han visto morir gente y masacres. Después los llevamos a la escuela y tratamos de interesarlos y motivarlos leyéndoles cuentitos con moralina.”

“ Es muy triste ir a cumplir con un trabajo que uno no ama, especialmente en nuestra profesión. Si cada mañana no los emociona entrar en el aula, ver todas esas caritas de ojos inteligentes que los esperan para que ustedes los ayuden a crecer, ¡ mándense a mudar de la docencia!. Búsquense una ocupación en la que no tengan que estar en contacto con niños, y no los maten a tan tierna edad. Dejen a los pequeños en paz.”

“ Para poder aprender hay que ser libre. Hay que tener la libertad de experimentar, de intentar, de cometer errores. Asi se aprende. Demos la oportunidad de intentar, de probar. Que cada uno pueda sentirse libre para ser él mismo y hallar placer en la necesidad.”

“ Sain- Exupéry habla del amor como jamás lo ha hecho nadie hasta ahora. Dice: Quizá sea el proceso que me permite llevarte suavemente de regreso a ti mismo.”

“ Creo que en eso consiste el proceso de asesoramiento y educación: no en que yo pretenda modelarlos a ustedes a mi imagen sino en conducirlos de vuelta a sí mismos, alo que ustedes son, a su singularidad, a su belleza original.”

“ Se aprende a Ser Humano. Pero ¿ quiénes son nuestros maestros?. En primer lugar, nuestros padres, la familia. A menos que seamos unos niños, no podemos cargarles las culpas a nuestros padres y parientes porque sólo son seres humanos como todos. Ellos tienen sus propios problemas, sus puntos fuertes y débiles. Nos enseñaron solamente lo que sabían. Habremos

crecido finalmente cuando podamos decirle al hombre que es nuestro padre, o a la mujer que es nuestra madre: “  A pesar de todas tus cosas, te quiero.”.”

“ Yo tengo sentimientos muy profundos acerca del cambio. Como maestros debemos creer en él, saber que es posible; de lo contrario no deberíamos enseñar, puesto que la educación es un constante proceso de cambio. Toda vez que aprendamos algo nuevo nos convertimos en algo nuevo también. Y hay  miles de cosas para leer, para ver, hacer, tocar, para sentir. Y cada una de ellas nos convierte en un ser humano diferente.”

“ Si todos tuvieran al menos una sola persona que les dijera “Te querré pase lo que pase, aun si eres estúpido, si cometes errores, se te comportas como un ser humano”, entonces creo que nadie terminaría recluido en un instituto psiquiátrico. Así deberían ser los matrimonios. Pero, ¿lo son?. Y asi debería ser la familia. Pero, ¿lo es?. Pero hay que tener aunque sea una persona en la vida a quien acudir. Me encanta la definición de Robert Frost “El hogar es un sitio adonde uno va y tienen que recibirlo.”  Te amo y te acepto como eres. Pero para aprender, para cambiar y poder ser uno mismo hace falta la libertad. Debemos ser libres para crear.”

“ Necesitamos que nos amen, que nos toquen, alguna manifestación de amor. Ustedes conocerán muchos chicos que son tremendamente inteligentes pero que no llegan a ninguna parte porque no tienen nada más. También hay muchos otros simplemente normales, que se sienten muy queridos y van a llegar hasta donde lo deseen.”

“ El conocimiento no es la sabiduría. El solo hecho de aprender no conduce a la sabiduría. La sabiduría es la aplicación del conocimiento y de los datos. La sabiduría consiste en comprender que uno no sabe nada. Es tener siempre la mente abierta.”

“ ¿ Cuáles son algunos de los factores que nos impiden ver lo esencial?. En primer lugar, nuestro aprendizaje, las cosas que hemos aprendido, el lenguaje, la percepción, lo que nuestro sistema nervioso central ha hecho por nosotros. Nuestra mente fija. Hace poco leí unos libros sobre percepción y finalmente llegué a la conclusión de que el verdadero objeto del sistema  nervioso no es permitir la entrada de las cosas, como se nos ha enseñado, sino filtrarlas para que no entren. Eso se llama “percepción selectiva”. Por eso es que solamente vemos una pequeña parte de todo lo

que nos rodea. Desde luego, necesitamos la habilidad de filtrar los estímulos externos para poder atender.”

“ Orenstein escribe sobre la conciencia: Nuestros sentidos nos limitan, el sistema nervioso central nos limita, nuestras categorías personales y culturales nos limitan, el lenguaje  nos limita, y después de todas estas limitaciones, las reglas de la ciencia nos hacen seleccionar aun más la información que consideramos verdadera, y ésta también nos limita.”

“ También consideramos esencial nuestro ego, esta personalidad que hemos construido. Permítanme decirles que no han sido ustedes quienes la fabricaron, sino alguien más. La gente les ha indicado quiénes son y quiénes no deberían ser, cómo deben moverse, qué olor deben tener, cómo hacer casi todo lo que hacen. El ego levanta enormes murallas a su alrededor para protegerse. Y a esas paredes las denomina la realidad.”

“ Aprendemos  observando y experimentando. Se trata de un proceso de descubrimiento volitivo. Para los chicos tenemos que ser el mejor ejemplo, ser modelos de vida. Solo pondrán en practica lo que vean al observar a sus mayores.”

Juntos

Quisiera referirme a un concepto que para mí es muy importante: la idea de que estamos todos juntos. Sinceramente me preocupa cuán alejados vivimos unos de otros. A todos nos pasa eso que Schweitzer definió hace tantos años cuando dijo que nos aglutinamos en muchedumbre, pese a lo cual morimos de soledad. Es como si ya no supiéramos más cómo relacionarnos con el prójimo, para tomarlo de la mano, para llamar a los otros, para tender puentes. Por eso hoy quiero hablar de algunas ideas alocadas que tengo para poder construir los puentes que nos han de acercar.

Creo que esta separación queda ilustrada con algo que me sucedió hace poco en un avión. Un señor estaba sentado junto a la ventanilla cuando llegué. Lo saludé amistosamente, cosa que siempre hago para iniciar la relación. Si vamos a pasar cinco horas juntos, conviene empezar por saludarse amistosamente, aunque siempre hay alguien que no contesta. El hombre dijo: “Maldita sea, pensé que iban a dejar este asiento libre así me podía estirar”. “Le prometo que apenas estemos volando, si hay una butaca vacía, me ubicaré allí para que usted se pueda estirar.”

Me senté a su lado, nos ajustamos los cinturones y en eso entró una mujer con un bebito. El hombre comentó: “Maldita sea. La criatura va a chillar todo el viaje”. Ésa fue la segunda vez, ¡y aún no habíamos despegado! La tercera fue cuando la azafata anunció que había un sector reservado para “no fumadores”. “A los que fuman habría que matarlos”, fueron sus palabras. “¿A todos?”, le pregunté. Yo no soy uno de ellos, pero no mataría a todos”. Luego recibimos el menú. ¿No es fabuloso que podamos cruzar el país en avión y que no sólo nos den de comer sino que podamos elegir el plato? El señor miró la lista y dijo: “¿Por qué será que nunca sirven nada decente en estos malditos aviones?” Recuerden que todavía no habíamos levantado vuelo. Después la azafata comenzó a indicar qué hacer en caso de accidente. “Mire a esas estúpidas. No hacen nada. Sólo están para atender a los de primer clase. No son más que putas de lujo”. Y así siguió.

No pude cambiarme de asiento, pero decidí que, antes de llegar a Nueva Cork, habría convertido a ese hombre en una persona que ama. Cuando estábamos en el aire, se volvió había mi y me preguntó: “¿En qué trabaja usted?” Le contesté: “Soy profesor de una universidad”. “¿Qué enseña?” “Dicto cursos sobre el amor y las relaciones humanas”. Y el tipo me dijo: “Menos mal que todavía quedan personas que siente lo mismo que yo por sus semejantes”. ¡Todo el mundo se considera una persona que ama!

He aprendido varias cosas interesantes que, en mi opinión, provienen del hecho de verse atrapado en la órbita del egocentrismo. Tomé los datos de un libro titulado Un día común y corriente en los Estados Unidos: en un día común y corriente, nacen 9.077 bebés en los Estados Unidos, lo que es maravilloso ( 1.282 son ilegítimos y no queridos). Se fugan de su hogar unos 2.740 chicos. Se divorcian 1.986 parejas. Se suicidan 69 personas. Se produce una violación cada 8 minutos, un asesinato cada 27 y un robo cada 76 segundos. Además, el promedio de duración de las relaciones de pareja es de tres meses. ¡Como para no enloquecer! Y éste es el mundo que estamos creando para nosotros y nuestros hijos. Bueno, yo no quiero formar parte de ese mundo, prefiero crear uno diferente, y quiero que lo hagamos juntos.

Sinceramente no tengo nada que vender, pero sí mucho para compartir. Se positivamente que, sí lográramos relacionarnos, ustedes podrían dar buenas ideas para revertir esta tendencia. Si tan sólo reconociéramos que no podemos sobrevivir solos, y que la soledad y el egoísmo conducen a la destrucción y la muerte.

También estamos aprendiendo mucho sobre el aprendizaje. He sido maestro toda la vida y me encanta la docencia, pero hace muy poco que llegué a la conclusión de que no tengo nada que enseñar a nadie. En el mejor de los casos, lo único que puedo ser es un facilitador del conocimiento. Puedo mostrar la comida, pero si nadie quiere comer, nada puedo hacer al respecto. Pero también sé que, si lo presento de un modo atractivo e interesante, quizás algunos se pregunten: “¿De qué está hablando este loco? Tal vez valga la pena probar”.

Lo que verdaderamente nos hace falta son buenos modelos. Necesitamos modelos de amor, personas que nos lo demuestren.

Muchos de ustedes saben que me crié en una enorme, fantástica y cariñosa familia italiana. Aprendí muchas cosas de mis modelos, y la mayoría de ellas me fueron enseñadas sin saberlo. Por empezar, aprendí que necesitamos ser amados. Por eso me he pasado la vida amando, y me ha encantado.

También me enseñaron a compartir. Tendríamos una casa pequeña y una familia inmensa, ¡y cómo se aprendía a compartir! Ahora construimos casas enormes donde nos podríamos perder. Nosotros éramos muchos pero teníamos un solo baño. ¡Cómo voy a olvidarlo! Era el centro de la casa. Todo el mundo entraba y salía del baño continuamente. Cuando uno lograba entrar y sentarse tranquilo treinta segundos, enseguida oía: “Sal de ahí, que es mi turno”. Aprendimos a compartir, a salir de nosotros mismos, a usar el mismo lavabo y dormir en las mismas habitaciones, sin darnos cuenta. Sin embargo, actualmente tenemos un baño para Mary, otro para Rally, otro para papá y un cuarto de vestir para mamá. Es una pena porque no necesitamos tanto espacio.

Así aprendí a compartir y adquirí de mi madre un notable sentido de la responsabilidad. Era una mujer inculta. Pero cuando ella decía algo, la entendíamos. Esto siempre me pareció gracioso cuando fui a la universidad y estudié todas esas teorías sobre el asesoramiento y aquellas ideas de permisividad. Mamá era la más magnífica asesora permisiva que conocí. Nos decía: “¡Cállate la boca!” Y siempre sabíamos lo que quería decir. Era una estupenda forma de interacción con la familia. No debe sorprender, por lo tanto, que ninguno de nosotros haya tenido jamás problemas mental alguno.

Recuerdo que, de chico, quise ir a Paris. “Niño, eres demasiado joven para viajar”. “Pero mamá, yo quiero ir”. En esa época Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir habían irrumpido en escena con el concepto del existencialismo, y deseaba ir allí porque había oído que los hombres se sentían angustiados y quería probarlo todo. “Está bien, irás, pero si te marchas, te  declararás un adulto y después ya no podrás pedirme nada. Eres mayor. Eres libre, vete”. Fue fantástico. No tenía demasiado dinero, pero pude vivir el sueño de muchos. Me sentaba cerda de Sartre y de Beauvoir (aunque no comprendía ni una palabra de lo que decían) y disfrutaba ampliamente. ¡Cuánto sufría también! Fue estupendo también vivir el sueño de muchos. Me instalé en un cuarto muy pequeño. Desde mi claraboya podía ver los techos de Paris. Me sentaba cerca de Sartre y de Beauvoir (aunque no comprendía ni una palabra de lo que decían) y disfrutaba ampliamente. ¡Cuánto sufría también! Fue estupendo también vivir a base de queso camembert y vino francés. Muy pronto me quedé sin dinero. No tenía verdadera conciencia del dinero. Compartía lo mío con todos. Siempre había una botella de vino que todos venían a beber conmigo. Así me habían criado, ésos habían sido los modelos. Cuando llegaba el cartero a casa, papá lo convidaba con un vaso de vino. “ Pobre hombre, todo el día trabajando. Le hace falta un poco de vino”, Nosotros nos oponíamos: “¡Papá, no le des vino!” Era terrible cuando venía la maestra y papá le ofrecía vino. “La maestra no va a beber”. Después nos quedábamos azorados al comprobar que sí bebía. ¡No era tonta! Pero recuerdo haber llegado a una punto en que casi se me había acabado el dinero. Fui a la oficina de telégrafo de París y, para ahorrar dinero, envíe un simple mensaje: “Me, muero de hambre”. Pocas palabras pero importantes. Veinticuatro horas más tarde recibí un telegrama de mi madre que decía: “¡Muérete de hambre!” ¡El momento de la verdad! Finalmente me había convertido en un adulto. ¿Qué podía hacer?

Les diré lo que eso me enseñó. Me enseñó el hambre, el frío, no sólo físicamente sino el frío de no tener botellas de vino para compartir y no ver más a los supuestos “amigos”. Mucho fue lo que me enseñó, y jamás lo habría aprendido si mamá me hubiese enviado un cheque. Me quedé allí sólo para demostrarle que podía hacerlo. Varios meses más tarde, cuando volví a casa, ella me dijo una noche: “Fue muy difícil para mi también, pero nunca hubieras crecido!. Era verdad.

 

Frecuentemente me invitan a participar en programas de televisión. Cuando estamos en el aire empieza a sonar el teléfono. De cada dos llamados, uno es por motivos de soledad. “Estuve casado, crié hijos y ahora me encuentro solo. Vivo en una vieja casa de departamentos. Me gustaría hacerme amigo de mis vecinos pero tengo miedo de golpearles la puerta”. “Camino por la calle, veo gente interesante y trato de sonreírles, pero siento temor”. Le enseñamos a la gente todo lo que existe, salvo lo que es esencial, o se, cómo se hace para vivir en felicidad, cómo tener un sentido del valor y de la dignidad personales. Esas cosas se enseñan y se aprenden. Necesitamos gente que lo demuestre en la práctica.

Hace poco, en una entrevista filmada, oí a una mujer hacer una increíble afirmación: “He pasado los últimos veinte años tratando de que mi marido cambie; me siento muy desilusionada. Ya no es el hombre con quien me casé”.

Rodney Dangerfield dice: “Dormimos en cuartos separados, cenamos aparte, tomamos vacaciones separados, y hacemos lo imposible por mantener la unión de nuestro matrimonio”. ¿No es descabellado? Y sin embargo, casi hemos llegado a eso.

Comer solo una buena cena está muy bien, pero compartirla con cinco o seis persona queridas, es el paraíso. Ir solo al parque a contemplar los árboles puede ser bello, pero llevar a alguien del brazo que nos llame la atención sobre los tonos rojizos es fantástico. Erich Fromm, que ha escrito cosas hermosísimas sobre el amor, dijo: “La necesidad más profunda del hombre es superar su soledad, dejar la prisión de su separación. El fracaso total de lograr este objetivo significa la insania”.

Las personas mentalmente enfermas son las que más son han alejado de las demás. En mis clases de amor hablamos del riesgo de salir de nosotros mismos, y yo siempre propongo: “¡Por qué no lo hacen?” siempre contestan que los atemoriza resultar heridos. Dios santo. Qué actitud más enferma. El hecho de resultar herido de vez en cuando puede sazonar la vida. Si uno llora, al menos está vivo. El dolor es mejor que la nada. Necesitamos tender los brazos, abarcar, no tener miedo. Las ciencias biológicas nos lo enseñan. He leído algo muy interesante escrito por Ashley Montague: “Sin la interdependencia, ningún grupo de organismos podría jamás sobrevivir. Y en la medida en que cualquier grupo se aparte de su funcionamiento, de su necesidad de interdependencia, en esa misma medida se volverá inoperante”. Y agrega: “Cuando los organismos interactúan de manera relacionada, se confieren mutuamente beneficios de supervivencia, se dan la vida”.

Como todo, esto se aprende. ¿Cuáles son algunas de las cosas que pueden unirnos, qué es lo que necesitamos saber sobre las relaciones, sobre el amor? Lo primero es esencial porque en nuestra cultura tenemos un concepto del amor romántico. ¡Por eso tantos de nosotros nos desilusionamos! Sinceramente seguimos creyendo lo que nos muestran en las comedias musicales: que uno llega a una fiesta, pasea la vista por el concurrido salón y se topa con un par de ojos que lo han estado esperando veinte años. Se siente atraído, la abraza y salen a caminar al atardecer. Cada vez que la visita, ella está preciosa, y uno es siempre galante, le lleva incluso flores y chocolates, la alaba por lo linda que está, se casa con ella, y al día siguiente le dice: “¿Quién eres tú?” Porque de repente ella aparece con ruleros. “¡Dios mío, me casé con una criatura especial!”.

Si uno ama a una persona, su objetivo será alentarla para que desarrolle el máximo de su potencial. Cada vez que uno haga algo que ayude a crecer a los demás, deberá regocijarse. En una pareja no se crece por separado sino juntos, tomados de la mano.

Algunos de ustedes conocen el hermoso poema de Gibran que dice: “Sean felices juntos, pero permitan también que el otro esté solo, del modo en que las cuerdas de un laúd están solas, pese a que interpretan la misma música”. Estén juntos, pero no demasiado, como, los pilares del templo, que mantienen cierta distancia para sostener el edificio. El roble y el ciprés no crecen uno a la sombra del otro.

Estoy preparando un libro sobre las relaciones de pareja y he realizado largas investigaciones sobre ellas, ya que las considero el aspecto más dinámico del comportamiento humano. Pero no es mucho lo que encuentro. Seguramente las relaciones de pareja pueden ocasionar dolor. Unirse y renunciar a algo de uno mismo, puede producir dolor. Pero también se aprende del dolor. Sinceramente me fastidia cuando veo que, en nuestra sociedad, nadie quiere sufrir. Apenas uno sufre algo, se atosiga con píldoras o se ahora en alcohol, sin saber que gran parte del aprendizaje se verifica en situaciones de dolor y desesperación. La diferencia es que uno lo experimenta pero no se aferra a ello. Aferrarse a la desesperanza es una actitud enferma. Uno la vive y la deja partir. Todos hemos tenido grandes momentos de desesperación en la vida. El que supo aprovecharlos, habrá aprendido a crecer y convertirse en una persona mejor gracias a ellos.

Mencioné antes cuán apartados estamos unos de otros. En esta sociedad aprendemos que para conocer a la gente hay que decir: “Mucho gusto”. ¡Y después hablan de fenómenos distanciadotes! Con suerte, nos responderán: “¿Cómo está usted?”, por lo general muy rápido. No debe sorprendernos, por lo tanto, que, pese a que ansiemos conocer a los demás, no sepamos nada del otro. A los cinco o seis años, se le advierte al niño: “Eres un hombre, y los hombres no lloran”.

Uno de los aspectos más tristes de nuestra cultura es que acentuamos desproporcionadamente el aspecto sexual de la relación. Es una pena porque a menudo nos negamos a la ternura, la calidez, por temor al contacto físico. El beso inesperado, la palmada en el hombro cuando más falta nos hace son gratificaciones “sensuales”. Jim Sanderson, columnista permanente de Los Angeles Times publicó hace poco una carta que le envió una mujer llamada Margaret, de setenta años. El hijo fue a visitarla una noche y entró en la casa sin golpear. Ahí se encontró a Margaret pasando un hermoso momento con un amigo suyo, un señor mayor. Horrorizado al ver a la madre besándose con un hombre en la sofá, el hijo giró sobre sus talones, exclamó: “¡Qué desagradable!” y se fue. Entonces la pobre Margaret pregunta: “¿Hice mal?” ¿Saben qué le contestó Sanderson? Voy a leerlo porque es bellísimo:

 

Todo ser humano necesita conversación y amistad. ¿Por qué suponemos que las necesidades de la gente mayor terminan ahí? Quizás el cuerpo cruja un poco, pero no existe la arterioesclerosis de las emociones. Las personas de edad están literalmente hambrientas de cariño, de amor, de caricias, como todo el mundo. Los hijos adultos y demás miembros de la familia por lo general sólo proveen raciones escasas: un beso ocasional. Sabemos que la relación sensual es perfectamente posible a cualquier edad, siempre que se cuente con buena salud, pero incluso si esto no parece apropiado por varias razones, ¿por qué no puede haber algo de romance tardío, un poco de amor, un pequeño contacto inocente, un beso, una caricia en la mejilla, manos entrelazadas? Muchas mujeres de su edad, Margaret, a menudo experimenta sensaciones extrañas y alarmantes, sensaciones que no han aflojado durante años. Es la fuerza vital que viene a rescatarlas, a recordarles que son mujeres y no sólo personas de edad. Alégrese por ello, Margaret.

El yo negativo

Hoy quiero hablarles de algo que me parece muy importante. Constantemente recibo gente, trabajo con gente, y me preocupa comprobar que muchos tienen miedo de mostrar su asombro ante la belleza. Dudan continuamente y no se atreven a mostrarse hermosos y maravillosos. Si nos queda alguna esperanza como personas que aman, tenemos que proponernos demostrar ese amor, sacarlo a la luz y no sentir temor. Por eso quisiera hablarles a quienes todavía no están seguros, a quienes se muestran reticentes.

Quizás no se hayan dado cuenta, pero mucho de lo que no son se debe a que literalmente están obstaculizando el camino hacia el crecimiento. Por eso les suplico que se lo permitan. La vida y el amor están a disposición de todos. Lo único que hay que hacer es aceptar la responsabilidad.

Sin embargo, muchos no confían en sí mismos. No creen en sí mismos, ni siquiera se gustan a sí mismos. Hace poco estaba en mi oficina y vino una chica encantadora que se sentó frente a mí. “Háblame de ti”, le dije: “Vamos a compartir cuatro meses de clases y no quiero que seas una extraña. Háblame de ti, y después te hablaré de mí”.

“No tengo nada que contar”.

“¿Cómo que no tienes nada que contar Háblame de lo maravilloso que hay en ti.”

Luego de una larga pausa dijo: “Soy demasiado baja”.

“Sí, pero eres excelente alumna. ¿Sabías que te sacaste la mejor nota en el examen?”

“Fue pura suerte.”

“¿Pero sabes que eres única en el mundo…?”

“¡No! Y basta de tonterías. Sé que no soy bonita. Son muy pocos los que buscan mi compañía. Casi todo el tiempo estoy sola.”

Por supuesto; si estaba convencida de que era baja, fea y estúpida y no tenía nada que contar, ¡Quién iría a acercársele? Cómo trabajé con esa chica. Cuando salió de mi despacho era diez centímetros más alta.

Jack Para dice algo magnífico: “Mi vida parece una larga carrera de obstáculos, y yo soy el principal.”

Quiero también leerles algo que me gusta mucho. Se titula “Encerrado”, y lo escribió un hombre llamado Gustavson:

 

Toda mi vida viví dentro de un coco.

Era un lugar oscuro y estrecho, especialmente de mañana, cuando tenía que afeitarme. Pero lo que más me mortificaba era que no había forma de tomar contacto con el mundo exterior. Si nadie encontraba el coco por casualidad y lo golpeaba para abrirlo, estaba condenado a pasarme la vida encerrado adentro. Y quizá morir allí también.

Morí en ese coco. Dos años más tarde, alguien se topó con el coco, y lo abrió y me encontró allí, encogido, seco como una pasa. “Qué pena”, dijeron. “Si lo hubiéramos hallado antes, tal vez habríamos podido salvarlo. A lo mejor hay otros encerrados como él”.

Salieron y rompieron todos los cocos que encontraron. Pero fue en vano. Sólo un loco como yo puede vivir dentro de un coco. Lástima que no pudiera contarles de mi primo, que vive en una bellota.

 

No vivamos dentro de un coco ni de una bellota. Hay un mundo afuera. Hay cosas fantásticas para ver, sentir, desear y lograr. La intención del Creador no fue que nos pasáramos la vida dentro de un coco o de una bellota. Ése sería el mayor de los pecados: no arriesgarse a salir del cascarón.

A veces oigo decir a alguien: “Ya antes me han hecho daño, de modo que no volveré a confiar”. Se puede aprender del dolor. Qué mundo tonto es éste; creemos que todo tiene que ocurrir en un nivel de suprema felicidad. Eso lo aprendemos de los medios de comunicación. Encendemos el televisor y vemos gente que se enloquece por los copos de maíz.

No hay nada malo en experimentar un poco de dolor. Yo he aprendido muchas cosas maravillosas en situaciones de dolor. De hecho, a veces la muerte nos enseña algo sobre la vida. La desdicha nos enseña la felicidad. Por eso debemos aceptarla cuando nos toque. Es parte de la vida.

¿De dónde sacamos esas ideas autodestructivas que nos limitan, que nos hacen sentir solos, que nos aburren, que matan la espontaneidad y la sorpresa? Son contrarias a la vida. Son contrarias a la maduración y al cambio. Dejémoslas de lado. Pero, ¿dónde las hemos aprendido?

A veces las tomamos de las personas más queridas. Lo aprendemos en la familia. Si se quiere aprender a madurar y a conocer la dignidad, no hay mejor sitio para empezar que en el propio hogar. A veces demostramos la menor cantidad de cariño a las personas que más queremos. Elogiamos a los compañeros de oficina, pero jamás a nuestros hijos, maridos o esposas.

Recuerdo cuando llegué a la isla de Bali. No hacía más de dos horas que estaba en mi casita cuando vinieron unas siete u ocho personas y me trajeron regalos: un hermoso batik, flores para adornar la habitación. ¡Obsequios! Yo no tenía nada para darles. Y por supuesto, proviniendo de nuestra cultura, sentía que tenía que retribuirles con otro obsequio. Recuerdo que era víspera de Navidad, y casi ninguno de ellos había oído la historia del nacimiento de Cristo. Por eso me pareció que sería hermoso relatársela. “Hoy es Nochebuena”, les dije.

“¿Qué es Nochebuena?”

Contar esa historia en un país no cristiano es algo muy especial. Me escucharon atentamente y les encantó, les pareció algo magnífico. Pero hubo algo que no alcanzaron a comprender: “¿Qué es eso de que no dejaron entrar a María en la posada?”.

“Bueno, no había lugar.”

“¿Y eso qué tiene que ver? ¿Cuánto espacio ocupa una mujer? Siempre hay lugar en las posadas.”

Traten de explicarlo alguna vez. Tuvo que dar a luz en un pesebre. Lo último que me dijo uno de los niños fue: “Sigo sin entender por qué no le permitieron entrar”.

Hay gente que no conoce a sus vecinos y hace más de diez años que vive en un mismo sitio. Nos tocan el timbre y tenemos miedo de abrir la puerta. ¿Qué nos está pasando? Lo triste del caso es que, una vez que adquirimos esos hábitos, filtramos a través de ellos cualquier cosa nueva que aprendamos, y no cambiamos. Eso nos impide desarrollar todo nuestro potencial. Es necesario que abandonemos esos hábitos porque de lo contrario nuestro mundo será muy limitado, lleno de sospechas y cosas feas.

En mis épocas de estudiante, llevaba turistas norteamericanos a recorrer Italia. Así podía visitar a mis parientes y cobrar dinero. En Venecia, por ejemplo, los llevaba no sólo al gran canal sino a otros sitios menos conocidos. Hay en Venecia una hermosa islita a la que se llega en vaporetto. Nunca tomen las góndolas porque son demasiado caras. Yo los acompañaba allí y ellos paseaban muy incómodos, mirando todo con aprensión. ¿Saben lo que me dijo uno? “Lo que le hace falta a Venecia es una buena mano de pintura”. ¿Saben cómo llaman los italianos a la isla? La Isla de los Arco Iris. La pintura está descolorida, descascarada de las paredes, pero se refleja en el agua en infinitos tonos de colores. Esas personas no estaban preparadas para apreciar la belleza. Lo único que podían ver era que a Venecia le hacía falta pintura.

Al sur de Italia hay un sitio denominado Positano que tiene una enorme escalera. Le dicen la scalinatella. Tiene miles de peldaños. A mí me encantaba bajarlos. A mitad de camino, los turistas comentaban: “¿Cómo no se da cuenta esta gente que lo que hace falta es una buena escalera mecánica?” Debemos tener cuidado de no dejarnos dominar por nuestros hábitos y preconceptos. Filtramos todo a través de nuestros hábitos y no vemos lo que realmente es. Vemos sólo lo que proyectamos. Por eso, somos suspicaces, sentimos miedo. ¿Y qué conseguimos? No experimentar la belleza ni la vida. Dejemos de trabajar en contra de nosotros mismos: escojamos el camino de la confianza. Todo depende de uno. También se puede optar por los perjuicios, por la desesperanza, por la angustia, por la intolerancia, pero, ¿para qué? No tiene sentido. Sólo les advierto que, si resuelven aceptar la responsabilidad total de sus vidas, no les será sencillo y tendrán que aprender a arriesgar. El riesgo es la clave del cambio. Y sólo la persona que arriesga es libre. Mantenerse oculto a los demás, aceptar los hábitos de la intolerancia, es alejarse de la vida. No permitan que eso suceda. No sólo por ustedes mismos sino por los demás. Eso es todo.